Ser ‘buen chico’ en Cataluña


EL MUNDO, Crónica Global, Expansión, Onda Cero, El Confidencial, Vozpópuli, Antena 3, La Razón, ABC, Cope, RNE, Economía Digital, e-Notícies, 13TV, El Independiente, Periodista Digital son solo algunos de los medios de comunicación que no tuvieron ponentes en el VI Congreso de Periodistas que organizó, este viernes en Barcelona, el Col·legi de Periodistes de Catalunya, a pesar de tener una parte importante de sus lectores en esta comunidad autónoma.

Es posible que los organizadores hayan intentado que representantes de alguna de estas empresas formaran parte de las mesas redondas y exposiciones. Me gustaría tener el detalle si así ha sido. Pero viendo la selección final que acudió al evento resulta curioso comprobar que la inmensa mayoría de las cabeceras excluidas, anteriormente mencionadas, tienen una característica común: tanto en la actualidad como en los últimos años han mantenido algún tipo de postura crítica con el devenir del llamado proceso independentista catalán.

¿Soy malpensado? Para comprobar si me equivoco conviene leer en qué medios trabajan o colaboran los escogidos por los organizadores del citado congreso para aleccionar a los asistentes sobre el pasado, el presente y el futuro del periodismo. Con cuatro representantes, el diario Ara. Con dos, TV3 y Alternativas Económicas. Con uno, El Punt-Avui, Vilaweb, El País, Diari de Girona, Nació Digital, El Crític, Catalunya Ràdio, TVE, La Vanguardia, Mongolia, El Periódico y Telecinco. La persona que colabora en la cadena de Mediaset también lo hace en el diario Ara. No todas las cabeceras son soberanistas, nacionalistas o independentistas pata negra, de hecho, algunas de ellas tienen como sana costumbre reírse de todo y de todos, y otras (las menos) intentan alternar cierta equidistancia con posturas en defensa del respeto a las leyes y la Constitución. También hay otros profesionales de la comunicación que provienen del mundo corporativo.

No voy a discutir la idoneidad o no de los ponentes escogidos, estoy convencido de que todos ellos tienen la suficiente experiencia para aportar nuevas ideas al debate sobre el estado de la profesión. Lo que sorprende es que, de entrada, se aprecia cierto sesgo en las empresas escogidas. No cuela el “no invitamos a empresas, sino a profesionales concretos”, porque la selección indica la marca que deja la línea del evento. En una situación política normal se podría pensar que el abajo firmante tiene la piel muy fina, que el unionismo nubla su mente y que no es para tanto. Pero en el ecosistema comunicativo catalán actual no es tan extraño pensar que el colegio de periodistas está claramente escorado y que ha decidido dar el mínimo protagonismo posible a las cabeceras no sometidas al pensamiento único independentista. Da la sensación de que con su dedo señala qué medios son buenos chicos y quiénes no lo son. Por supuesto, con alguna excepción honrosa en la lista, para evitar el “qué dirán”.

Pero que no se diga. Puesto en contacto con algunos de los medios no presentes, para comprobar si alguien de la organización había contactado con ellos para invitarles a participar en el congreso, las respuestas recibidas oscilaron desde las risas por la ingenuidad de la pregunta al escepticismo más absoluto sobre el papel del Col·legi de Periodistes de Catalunya. Entidad que, es necesario recordar, apoyó en julio de 2014 de manera entusiasta, junto con otra veintena de colegios profesionales, un manifiesto a favor del llamado derecho a decidir que se presentó en un acto organizado por Òmnium Cultural, asociación que, como todo el mundo sabe, no se caracteriza por sus valores en defensa de la convivencia entre los ciudadanos de Cataluña y de estos con el resto de españoles.

No resulta cómodo ser periodista en Cataluña si no se es un ferviente partidario del proceso independentista. De hecho, se produce una espiral del silencio en buena parte de las redacciones de medios catalanes: muchos profesionales de la comunicación, que creen que se ha de informar y no convencer a nadie de las virtudes de la secesión, prefieren callar para evitarse problemas. Y los que creen que la Constitución no es el problema de Cataluña, sino la solución, con más motivo. Hay muchos activistas que toman nota, y la proliferación de listas de adictos y no adictos no es ninguna novedad en el orbe nacionalista catalán.

Es más fácil prosperar en el periodismo catalán si uno no abre la boca y, sobre todo, si se muestra una adhesión inquebrantable a la causa del proceso secesionista. Al final, el grifo económico que proviene de las administraciones públicas autonómicas (casi todas en manos de los separatistas y aledaños) es muy importante para la supervivencia de las empresas, y los medios audiovisuales más potentes de ámbito catalán son propiedad de la Generalidad. Por eso muchos evitan cerrarse puertas en una comunidad que tampoco es tan grande ni tiene tantas cabeceras. Por supuesto, para mantener la hipocresía de la supuesta pluralidad siempre hay una mínima cuota de tertulianos o columnistas de los que ellos denominan unionistas. Eso sí, siempre en minoría y siempre muy controlados, para que el mensaje correcto sea el que conviene a la causa de la futura, hipotética e inviable República Catalana en la que cada día se podrá comer helado al gusto y donde el cáncer desaparecerá en un santiamén.

Estas dos últimas consignas forman parte de las promesas de ese mundo feliz que sería la Cataluña independiente. Con invertir cinco minutos en cualquier buscador de internet descubrirán lo que los catalanes nos perdemos (según los secesionistas) por mantener el proyecto común español y los lazos con el resto de españoles. Sería para coger un bol de palomitas y disfrutar de los gags, si no fuera porque muchos catalanes han picado el anzuelo y se toman en serio los disparates de los propagandistas de la separación. Consignas que son generosamente difundidas por esa parte de los medios catalanes, que por convicción o por interés, han apostado por la ruptura.

Es complicado explicar a ciudadanos de fuera de nuestra comunidad lo que estamos viviendo los catalanes no secesionistas, que, de momento, somos la mayoría. Basta con dos ejemplos: la escritora que quemó un ejemplar de la Constitución en TV3 fue premiada y ahora tiene más protagonismo en Catalunya Ràdio, la emisora pública de la Generalidad. Esta radio se ha instalado en la moda del agit-prop bajo la excusa de la participación de los oyentes con preguntas en las que se plantea la posibilidad de impedir “físicamente” que juzguen a políticos nacionalistas o sobre si hay que acudir o no a los juzgados si un magistrado manda una citación.

Por eso duele aún más que en un congreso de periodistas sean tan evidentes las ausencias. Porque la profesión que debería servir para trasladar a la ciudadanía qué está pasando en nuestra sociedad (el famoso “así son las cosas, y así se las hemos contado”) se está convirtiendo en algo muy diferente. Podríamos hacer una reflexión sobre los males del periodismo español, que son muchos, pero lo que estamos viviendo en Cataluña supera todo lo imaginable. Suena a sarcasmo escuchar en programas de TV3 críticas a la “manipulación” de otros medios públicos y privados del resto de España cuando la Generalidad ha convertido la televisión y la radio públicas en meros altavoces de su línea política.

“Reflexionemos sobre el momento actual que vive la información”. “Reivindiquemos el periodismo en mayúsculas”. “Redefinamos nuestra profesión”. “Recuperemos la credibilidad y el respeto”. “Recuperemos el Código Deontológico que inspira nuestras acciones”. Estos son los bonitos lemas que se trataron en el VI congreso de los periodistas bajo el auspicio del colegio. Excluyendo a más de media profesión queda claro que no ha sido más que un brindis al sol, palabras vacías que no significan nada.

El Col·legi de Periodistes de Catalunya ha de representar a todos los periodistas catalanes, y aún está a tiempo de ser un punto de encuentro y no un factor de división. Pero no se construye la unidad si se deja a un lado ser una entidad profesional y se fija como objetivo convertirse en punta de lanza en la construcción nacional de una hipotética e inviable República Catalana. Política, y no periodismo. Algunos colegiados nos tememos que este es el auténtico proyecto de su Junta Directiva.

Sergio Fidalgo
El Mundo
12 de noviembre de 2016

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