Linchar al disidente


Miriam Tey decidió ir a Londres para asistir a una conferencia de Carles Puigdemont, lo cual demuestra su valentía, porque se ha de tener arrestos para desafiar al sopor y al tedio de una charla del presidente por accidente. Pero ella tiene el arrojo que a mí me falta y pensó que había que escuchar lo que el líder de Junts pel Sí decía y, si el contenido lo propiciaba, preguntar.

Como la charla no era más que la enésima actuación propagandística pro-secesión y pro-destrucción de la convivencia entre catalanes, Tey decidió pedir la palabra. Y denunció la falta de respeto a la legalidad española por parte del presidente por accidente. Legalidad que es la que le legitima para ocupar su actual cargo. Hasta aquí, lo normal. Un político vende su moto ante un auditorio, un asistente critica su actitud, el político replica y se acabó la historia.

Pero entonces viene la segunda parte. Como Barcelona no es tan civilizada como Londres, y en la capital catalana lo que mola es disparar (metafóricamente) al disidente, al que no comulga con la línea oficial de la revolución de las sonrisas, a Tey le esperaba nada más llegar del Reino Unido una amplia gama de ofensas, manipulaciones y mentiras por parte de diversos medios de comunicación afectos a Junts pel Sí.

Nada nuevo, porque en Catalunya ser independentista tiene premio, y ser crítico con el secesionismo te garantiza, con suerte, un manto de silencio sobre tu persona. Y si molestas demasiado, el linchamiento público. Miriam Tey ha sido la última víctima de un procedimiento perverso de unos personajes que presumen de “democráticos” y “cívicos” cuando con sus actitudes cotidianas demuestran que estos calificativos les vienen muy grandes.

Sergio Fidalgo
CatalunyaPress
18 de mayo de 2016

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